LUCES Y SOMBRAS DE LA REFORMA PROTESTANTE



A la sazón de la celebración de la reforma protestante, cabe destacar muchos factores que predominaron y que suelen ser desconocidos por la gran mayoría de personas. Este desconocimiento lleva a muchas personas a asumir posturas radicales y religiosas, que carecen de acierto y nos llevan a una soberbia frente a los otros, sin siquiera entender la raíz de lo que estamos asumiendo. Quisiera abordar este artículo desde un punto reflexivo en materia del contexto en que se suscitó la reforma protestante, tanto en sus luces como en sus sombras.


Iniciemos entendiendo el contexto socio-político que se viva en Europa en dicho momento. Nos remontamos al siglo XV, nos topamos con la incursión del renacimiento en Florencia. Este es un aspecto que no podemos desconsiderar, ya que el papa León X fue un gran renacentista y venia de una familia precursora por su mecenazgo del renacimiento, los Medicis. Uno de los padres de la patria de los italianos, Cosimo di Giovanni de' Medici, conocido como Cosme el viejo, inicia en Florencia lo que sería más adelante la dinastía de los Medici’s. Cosimo fue uno de los primeros Médici en incursionar en la obra pública. Fundó y refaccionó varios edificios como: El convento de San Marcos, La Basílica de San Lorenzo, La Badia Fiesolana, La cúpula de Santa Maria de Fiore, entre otras obras. Eso dio apertura a que más adelante sus herederos iban a apoyar a figuras como Bruneleski, Miguel Angel, Da Vincci, entre otros. Se rescatan los autores griegos, se rescatan las epopeyas griegas, se rescata el aristotelismo conjunto a su empiricismo, cosa que vemos mas tarde en Galieo Galilei. Esta riqueza cultural también resultó en desenfrenos y en el fomento de inconductas que se mostraron muy evidentes. Esto generó luchas entre los radicales cristianos y los Medicis que conducían Florencia. Los Medicis como banqueros, fueron considerados “los banqueros de Dios”, esto por, sus cantidades de prestamos al Vaticano. De hecho, esto le generó las oportunidades a los dos papas que salieron de esta familia, incluido el papa León X quien fue el monarca con quien debatió Lutero en la reforma del siglo XVI. En los debates del siglo XV con el renacimiento, vemos la incursión de un hombre como Gerónimo Savonarola, que enfrentó vehementemente el renacimiento. Creo que fue un hombre de su época, un héroe hasta cierto punto, porque enfrentó el poder Vaticano, destacando que murió quemado por la iglesia. Por otro lado, creo que Savonarola fue más allá de la cuenta en materia de su confrontación con los Medicis. Por eso digo que fue un hombre de su época.


Evidentemente que el mundo no era Florencia, de hecho, la potencia incontestable era España, pero la geopolítica estaba dominada por; España, Inglaterra y Francia. Eran las potencias que se disputaban el poder “mundial”. ¿Qué estaba pasando en el mundo entonces? Debemos destacar la “guerra de los cien años”, guerra que se libró entre Inglaterra y Francia. ¿Qué produjo eso? Un nacionalismo creciente, dentro de otras cosas, el nacionalismo fue fundamental para que los pueblos fueran siendo decolonializados por el poder hegemónico del papa. En ese mismo contexto vemos el surgimiento de un hombre como John Wyclif en el siglo XIV, quien será considerado como la “estrella matutina de la reforma.” Este hombre con la idea de componer un compendio de Teología, empezó a publicar diversos tratados como De dominio divino y De civil dominio en 1375; y De officio regis, De veritate Sacre Scripture y De Ecclesia en 1378. Documentos donde Wiclef planteaba una doble exigencia a la Iglesia de su tiempo: el abandono de las riquezas y la renuncia de las pretensiones temporales, a favor de una Iglesia espiritual, conformada por los predestinados y cuya autoridad suprema fuese la Sagrada Escritura. Fuera de la teología Agustiniana que lo caracterizó, enfrentó y desafió la autoridad del papa y planteó que la biblia estaba por encima de él y de todos. Esto le costó serias persecuciones y claro, que luego de su muerte fuera exhumado y quemado, bajo los precepto inquisitoriales de la época.

Ya citamos la guerra de los cien años, la irrupción de Wyclif, citemos a William Tyndale quien fue el primer traductor de la biblia al inglés. Esto fue todo un acontecimiento ya que, ahora se estaba transfiriendo el poder del conocimiento al pueblo, lo cual retaba la hegemonía y domino del sacerdote sobre el laicado.


Debo abrir este párrafo con la aparición en el siglo XV de otro célebre hombre que desafió estas hegemonías, Juan Huss, quien siguiendo las lecturas de Wyclif propugnó por dichas enseñanzas, como todos sabemos fue condenado por el concilio de Constanza en el 1415. Fue quemado como un hereje, pero su legado de esparció a través de sus seguidores en Bohemia, los Utraquistas y Taboristas. Frases como estas caracterizaron su discurso, “Jesús es la cabeza de la iglesia. No la cabecilla de una pandilla de ladrones” — John Huss.



En este contexto convulso que se vivía en el mundo, el detonante de la cuestión comienza a mostrar su cresta cierta mañana de otoño de 1517, cuando una ruidosa comitiva que recorre los principados alemanes con estandartes, pífanos, tambores y una enorme cruz de color rojo llega a la pequeña ciudad amurallada de Jüterbog, unos setenta kilómetros al sur de Berlín. A la cabeza del séquito, subido a una mula torda, cabalga un orondo y voluminoso dominico llamado Johann Tetzel. Por entre los figurantes que se mueven en el cortejo sobresalen dos cofres reforzados que se zarandean sobre los lomos de sendas acémilas. Hombres, mujeres, ancianos y niños han salido a recibir al famoso y elocuente fraile, en tanto las campanas de los templos dan gozosa bienvenida a la procesión. El dominico tiene por costumbre predicar en el interior de las iglesias, pero la mañana es tan agradable que hoy ha decidido hacerlo al aire libre. Y el lugar se presta a ello por bucólico y evocador: una pequeña plaza medieval, con tenderetes blancos por entre los que circulan viandantes, artesanos, campesinos, cuentacuentos, menestrales y gentes de toda condición. Como todo cristiano sabe, y si no más vale que lo vaya aprendiendo, explica Tetzel, el Purgatorio es un lugar de purificación para aquellas almas que, sin haber muerto en pecado mortal, no han pagado por las faltas en que incurrieron durante su vida terrena. La confesión confesión absuelve los pecados, sí, pero al pecador le quedan por pagar las penas temporales que sus culpas merecen. ¿Y qué es eso de las penas temporales?, se pregunta, retórico, Tetzel. Muy sencillo, el imprescindible sufrimiento físico que comporta purificar el desorden que el pecado ha introducido en las almas de los hombres, penas que se han de sufrir para que el cristiano quede libre de impurezas. No nos engañemos, advierte, severo, el dominico. Los pecados no se perdonan con un ego te absolvo, tres salves y un padrenuestro. La cosa no es así de fácil. El perdón definitivo, la total limpieza del alma, exigencia imprescindible para entrar al Paraíso, se alcanza solo después de pasar una temporada en el Purgatorio. Y librarse de él cuesta dinero, ¿estamos?


Esto desató la furia de Lutero con sobrada razón, NO SE PUEDE VENDER EL PERDÓN DE DIOS. Esto también venia acompañado por la crisis financiera del Vaticano, el papa León X, con sus maneras renacentistas, tenia una corte extremadamente cara y con la “pequeña” agravante, que él estaba inmerso en la construcción de la Basílica de San Pedro. Necesitaba financiar su causa, y usó a Tetzel y a las indulgencias para tales fines. Vienen las tesis en octubre del 1517, el debate de las universidad en el 1519, la excomunión por el papa León X, y la dieta de Worms 1521. Ya no hubo marcha atrás: Zwinlgió en Suiza, el divorcio de Enrique VIII en inglaterra, Lutero y el elector de Sajonia en Alemania, Carlos V en España, el papa León x, el concilio de Trento del 1545, los Jesuitas e Ignacio de Loyola, el rey Felipe, los paises bajos, la aparición de Calvino y sus amigos, el nacimiento del Anglicanismo, la guerra de los treinta años, la paz de Westfalia. Sería una infamia no mencionar la incursión del Humanismo con Erasmo de Rotterdam. Fue un personaje que llevó la crítica racional a prácticas vanas que tenia la iglesia sobre algunos textos. Es obvio que no tengo el espacio de detallar aquí cada tema, sino sería la escritura de un libro.


Hay que concluir que no fue tanto un accidente como la revolución de Francia siglos más tarde. Si me permites sintetizar luces y sombras, serían las siguientes:


Luces:

Abre al humano al pensamiento crítico.

Elevó el intelecto de las sociedades.

Fomentó la lectura vernácula de textos.

Elevó la espiritualidad del debate.

Colocó a la Biblia como autoridad.

Le abrió la puerta a un evangelio cristocéntrico

Apoyó las causas nacionalistas y decolonializadoras de la teología gobernante.



Sombras:

Usó los mismos métodos inquisitoriales que se le habían aplicado anteriormente.

Se volvió rígida e inflexible.

Cometió errores hermeneúticos de textos.

Derribó los puentes de entendimiento con las doctrinas disidentes.

Hubo muchos asesinatos en “nombre de la fe”.

Se destruyó mucho arte de la época renacentista bajo los iconoclastas.

Nunca hubo una sólida comunión entre los reformadores.

Toda revolución tiene sus causas y efectos, sin duda esta correlación ha sido gananciosa para el evangelio de Cristo, sin embargo, no debemos olvidar que hubo mucho error en la aplicación de los mismos principios. Cuidemos como nos relacionamos con los que piensan diferente a nosotros.


¡Dios te bendiga!

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